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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Guerra civil en el gabinete

 

 

La primera jauría que podía devorar a Javier López Zavala en la lucha palaciega por la sucesión era el grupo compacto con el que Marín creció políticamente y luego gobernó hasta la primera mitad del sexenio: Mario Montero, Valentín Meneses, Javier García Ramírez y Gerardo Pérez Salazar. Para distraerlos de la lucha sucesoria, el Gran Elector les lanzó un señuelo: poner a su alcance el premio menor del 2010, la candidatura a la alcaldía. El engaño funcionó a medias: desde hace unos meses parecen resignados a la entronización de Zavala y dejaron de chocar con él, dejándolo el camino libre al interior del gabinete. La victoria del señuelo, sin embargo, fue costosa, pues al incluir a casi todos sus secretarios en la disputa por la alcaldía contaminó al gabinete de las pasiones políticas. Así, los diferendos administrativos del gobierno comienzan a resolverse en la arena mediática. El gobierno de Mario Marín, entonces, resiente el golpeteo político.

 

El error de cálculo es mayúsculo: como miembros de gabinete, los integrantes del grupo compacto conocido como “burbuja marinista” eran aliados. A casi año y medio de terminar el sexenio, con la propia autorización del gobernador se han convertido en rivales. Enemigos políticos de alta peligrosidad, pues todos ellos cuentan con información privilegiada y documentada para golpetearse entre ellos mismos. Pero los escándalos por venir no serán de Javier López Zavala, Mario Montero, Valentín Meneses, Javier García Ramírez y Gerardo Pérez Salazar, sino del Gobierno marinista. Sus justificaciones no operarán en lo personal, sino que todos ellos son los principales secretarios de la administración pública.

 

Un ejemplo pequeño: el delfín López Zavala, enfundado en su traje de secretario de Desarrollo Social, autorizó a los ediles a disponer de los recursos federales provenientes del ramo 33 para paliar su quebranto financiero. Esto es, a disponer de un dinero destinado al combate a la pobreza para pagar sueldos de policías y seguridad pública, nómina, alumbrado y servicios generales. Sin embargo, los aspirantes a la alcaldía Montero y Pérez Salazar –no resignados a ver a Zavala como el ganador de la contienda-, vistiendo sus trajes de secretarios de Gobernación y Finanzas aprovechan para golpetear políticamente al delfín desautorizando a los ediles a usar los recursos del ramo 33 para esos fines. “No se puede, y quien lo haga, se meterá en problemas”, amenazan a los ediles. Y el propio Zavala responde que no, que sí pueden usarse por una autorización de la secretaría de Hacienda dictada en noviembre de 2007.

 

¿Quién tiene razón? Es lo de menos: en esencia se trata de un diferendo administrativo que debería ser resuelto al interior del gabinete. Pero con las pasiones sucesorias desatadas, en las que cada actor persigue sus propios intereses, se convierte en el pretexto perfecto para golpetear al favorito del gobernador en los medios. Pero así como estos dos secretarios tomaron como diana a Zavala, conforme se acerque el tiempo de las definiciones harán blanco entre ellos mismos. Por una sencilla razón: son enemigos porque pelean la misma posición. Todos quieren la alcaldía. Y algunos de ellos, secretamente, desean que el proyecto transexenal encarnado en el delfín descarrile. Así, el gabinete vive una guerra civil in crescendo.

 

El gobierno estatal entonces resiente el enfrentamiento político que además irá escalando. Pero lo peor es que todo ocurre con autorización del gobernador Marín, pues él mismo desató las pasiones al abrir el juego y meter prácticamente a todos sus empleados. De la lista de diez aspirantes a la alcaldía, siete de ellos cobran en la nómina del gobierno estatal -Mario Montero Serrano, Gerardo Pérez Salazar, Javier García Ramírez, Valentín Meneses Rojas, Pericles Olivares Flores, José Antonio López Malo Capellini y Guillermo Deloya Cobián- y sólo tres no pertenecen al gabinete -Pablo Fernández del Campo, Luis Alberto Arriaga y Víctor Giorgana-.

 

¿Cómo gestionar el conflicto entre los que antes eran miembros del grupo compacto y ahora son enemigos autorizados por la voz del gobernador? Francamente no lo sé. Es un juego que más tarde que temprano se va a salir de las manos.

 

Y si el escenario de la guerra civil pinta mal, peor será el momento de la definición: ninguno de los siete funcionarios tiene asegurada su candidatura por la alcaldía, puesto que la nominación se resolverá después del premio mayor, la candidatura al gobierno estatal. Marín y Zavala alientan hoy a todos, pero le incumplirán a la mayoría. De hecho, sólo pueden cumplirle a uno. Y el ganador del segundo premio puede que no salga de esta caballada inicial, por lo que entonces le quedarían mal a todos.

 

¿Cómo gestionará el Gran Elector el resentimiento por el engaño? ¿Repartiendo el pastel entre todos sus incondicionales? Supongamos que sí. ¿Qué espacios entonces se otorgarán al resto de los grupos políticos para asegurar la unidad del PRI?

 

Así pues, el señuelo lanzado al grupo compacto para dejarle a Zavala la cancha libre se volverá muy oneroso.

 

 

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