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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Primero el hombre, luego el programa

 

 

Aunque plausible, la propuesta de Enrique Doger peca de ingenua para la real politik: establecer una agenda temática sobre los principales problemas de la entidad y sus soluciones para discutir los planteamientos de cada aspirante a la gubernatura en foros organizados por la Fundación Colosio o el Icadep. “Debatamos con ideas, no con recursos públicos” demandó ayer el ex alcalde. Aquello de “primero el programa y luego el hombre” siempre ha resultado desafortunado porque a los priístas les interesa primero el hombre, luego el nombre y siempre los nombres. Nunca los programas. Y mucho menos las ideologías. Por el contrario, la regla general dicta que “primero el hombre y luego el programa”.

 

Esto de poner por encima de las ambiciones personalistas un programa de partido para gobernar lo inventó Jesús Reyes Heroles allá en el lejano 1975 para limitar el poder de Luis Echeverría al imponer a su sucesor. Entre ambos personajes siempre hubo fricciones: uno toda reflexión y pensamiento, el otro pura locuacidad arrebatada. El choque final se dio cuando Reyes Heroles, a la sazón dirigente nacional del partido, lanzó aquello de que la tradicional auscultación para encontrar al heredero de los trabajos del autonombrado líder del Tercer Mundo ya no servía. Ahora se realizarían foros por todo el país, auspiciados por los sectores del tricolor, en el que se identificarían los grandes problemas nacionales. Después, cada uno de los suspirantes se iría confrontando con el programa. Y el mejor, el ganador, sería aquél que mejor definiera cómo cumplir los objetivos del programa tricolor. Primero el programa, luego el hombre, afirmaba orgulloso el líder tricolor.

 

Echeverría dejó hacer a su odiado Reyes Heroles. Por meses y meses se realizaron los mentados foros. En octubre de 1975 se fijó la fecha para la Asamblea Nacional donde sería presentado el programa. Pero tres días antes de la presentación, ocurrió lo que Daniel Cosío Villegas denominó el corcholatazo: sin previo aviso, Echeverría destapó a José López Portillo. Llegó el hombre, el programa se fue al tambo de la basura. Nadie recordó el programa en el que durante meses trabajó Reyes Heroles. Los priístas se sumaron gustosos a la campaña del hombre, pues lo único que les interesaba era el nombre del elegido. Y así sucesivamente, hasta que perdieron el poder en el 2000. E incluso ahora: ¿o a poco Enrique Peña Nieto ha presentado un programa para gobernar México?

 

Por supuesto que la pregunta, más que interesante, es vital. ¿Para qué quieren el poder los aspirantes a la gubernatura? Por supuesto que responderá al unísono: para beneficiar a los poblanos, para que haya menos pobreza y más seguridad. Es el guión que dictan las encuestas, y ni Zavala, ni Doger y mucho menos Alcalá se saldrán de los lugares comunes.

 

No son tan honestos para decirnos “quiero la gubernatura para enriquecer a mis cuates”. O para que toda su parentela consiga chamba. O para quedarse con el diez por ciento de las comisiones de obra. O para comprarle casa a todas sus esposas, amantes y novias. O para convertirse en prócer de la patria poblana. O para aparecer todos los días en las portadas de los periódicos. Nadie lo dirá: siempre por delante pobreza y seguridad. Empleo y oportunidades. Así repiten como loritos nuestros políticos porque es lo que los mexicanos desean escuchar.

 

Tiene razón Doger cuando dice que hasta ahora lo único que predomina es la promoción de la imagen con recursos públicos, específicamente para Zavala y en menor grado para Blanca Alcalá. Pero el ex alcalde tampoco ha abonado –hasta ahora- a la discusión de ideas: la única diferencia entre él y el secretario de Desarrollo Social es que uno es netamente poblano y el otro es chiapaneco. ¿La diferencia de origen hará diferencia para gobernar? ¿Será mejor gobernador un cien por ciento poblano, que un poblano adoptado? ¿Es esa una discusión de ideas serias? A mi no me parece.

 

Sí, es ingenuo lo que pide Doger en un medio políticamente cínico. Pero una democracia real –y no bananera- sería el primer punto a presentarle a la sociedad. ¿Cuál la oferta que tiene para el electorado cada uno de los aspirantes a suceder a Mario Marín? Doger, dice, presentará temáticamente su oferta cada semana. Zavala, se sabe, mostrará en breve la estructuración de un nuevo Contrato Social –una idea descartada por la Ciencia Política hace decenios, por cierto-. Blanca Alcalá no tiene otro programa que su gobierno diario. ¿Dónde están las ideas de Chucho Morales, Amador Leal, Jorge Estefan?

 

Y que no salgan con el discurso facilón de menos pobreza y más seguridad, porque esa fue la receta que nos legaran Melquíades Morales y Mario Marín: más pobreza y menos seguridad.

 

 

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