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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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La carcajada de Karam

 

 

Dicen que quien ríe al último, ríe mejor. En el 2006, Adolfo Karam abandonó el gobierno marinista por la puerta de atrás, protagonizando uno de los hechos más bochornosos del sexenio. Perdió la partida contra Blanca Laura Villeda y dejó el cargo de jefe de la policía judicial en medio del escándalo cuando una mano misteriosa filtró a El Universal un video que dejaba patente la sucursal del infierno en que se había convertido la Procuraduría. En medio de gritos e insultos, jefa y subordinado disputaban el destino del narcomenudista Ezequiel Cano. El video filtrado editó la peor parte: los elementos del Grupo Sagitario encañonaban a la Procuradora y todos los agentes presentes terminaban desenfundado sus armas.  Fue un desenlace cantado a una rivalidad sin remedio.

 

En la teoría de juegos existe una máxima fundamental: la peor decisión es no tomar una decisión. Mantenerse en la indefinición y postergar el resolutivo hasta que la ausencia de decisión acabe por explotar. Algo así le pasó a Mario Marín. Durante meses el gobernador conoció los enfrentamientos reiterados entre Blanca Laura Villeda y Adolfo Karam. ¿El motivo? La disputa por el control de la Procuraduría de Justicia. Semana a semana, ambos funcionarios se grillaban mutuamente. “Gobernador, fíjese que Karam hizo tal”. “Jefe, no es por nada, pero le informo que la Procuradora está entorpeciendo x”.

 

Marín los escuchaba pacientemente y los conminaba a trabajar juntos. A hacer equipo. El equipo que había diseñado cuando conformó el gabinete. Y es que, hipotéticamente, el dúo Villeda-Karam prometía. La abogada, surgida del Poder Judicial, le daría a la Procuraduría un rostro de apego irrestricto a la legalidad. Karam, experimentado en las labores operativas de la seguridad pública, tendería un cerco a la delincuencia, y en especial, al narcomenudeo. Pero el equipo funcionó sólo en la hipótesis, pues en la realidad nunca pudieron fumar la pipa de la paz.

 

Karam mostró rápidamente mayores reflejos mediáticos y protagonizó los mayores éxitos de la Procuraduría. Lo hizo deliberadamente, porque se sentía con mayores méritos -por su amistad personal con Mario Marín- que la abogada Villeda. Por su parte, la Procuradora, carente del cualquier tipo de carisma y de sensibilidad política, se sintió desplazada y ninguneada por la mayoría de los funcionarios de la dependencia, que preferían dirigirse al director de la Policía Judicial a quien mencionaban constantemente como el sucesor de la abogada.

 

¿Qué Karam fue eficiente al frente de la Procuraduría? Por supuesto. La prueba es que gracias a sus relaciones, después de haber trabajado en la Secretaría de Seguridad Pública, logró armar operativos conjuntos con la Federal Preventiva y la Agencia Federal de Investigaciones. ¿Qué también fue protagonista? Claro que sí. ¿Y qué en su íntima intimidad se sentía con legítimo derecho de sustituir a Blanca Laura Villeda? Totalmente. Su amigo, Mario Marín, se la debía.

 

Pese al enfrentamiento abierto de ambos funcionarios, Marín no tomó ninguna decisión y dejó que el conflicto se convirtiera en una escalada de golpes internos. Los mantuvo juntos como titular y subordinado. Un titular inseguro y un subordinado crecido. El cuadro habría que sumar el estado de fragilidad psicológica de Villeda.

 

En diciembre del 2006 estalló el escándalo por la detención de Lydia Cacho. Y aunque la salida de la Procuradora era lógica, Marín consideró que entregar su cabeza sería un reconocimiento de la culpabilidad en la arbitraria detención. Vaya ironía: el Kamelgate en realidad le dio oxígeno a una funcionaria que ya tenía su certificado de defunción.

 

La guerra interna nunca cesó a pesar de la crisis que se desató las conversaciones del gobernador con Kamel Nacif. Nadie los detuvo y las revanchas personales siguieron. Las desavenencias personales terminaron impactando la lucha contra la delincuencia. Y la bola de nieve explotó en el peor momento. Justo en la crisis de credibilidad del gobierno en materia de procuración y administración de justicia.

 

Después de la violenta disputa entre Villeda y Karam por el destino del narcotraficante Ezequiel Cano –que los mexicanos pudieron observar gracias a la grabación de un diligente Sagitario-, Marín tuvo que tomar una decisión en el límite. El amigo personal fue sacrificado y removido a la Secretaría de Comunicaciones.

 

Karam nunca entendió el mensaje de su amigo el gobernador: “aléjate, tranquilízate y salte del conflicto”.

Y nunca lo entendió porque a su salida de la Procuraduría todo su equipo sufrió la persecución de Villeda y Hugo Isaac Arzóla, el nuevo director de la Judicial. Los Sagitario, su grupo de élite, primero fueron degradados a franeleros y después renunciados, a pesar de la amenaza que pesa sobre sus cabezas por delincuentes profesionales como “el Fantomas”.

 

Adolfo Karam abandonó el gobierno del estado. La hizo con la sospecha sobre sus espaldas de haber filtrado el video incriminatorio. Marín cortó por lo sano y decidió que un acto de deslealtad semejante no podía ser tolerado. Tres años pasó alejado del presupuesto, en su travesía personal por el desierto. Pero ha regresado por la puerta grande, y ve muy lejos los días aciagos de la salida por la puerta pequeña.

 

Mientras tanto, Blanca Laura Villeda rumia en su juzgado de Atlixco los odios que cosechó en su paso por la Procuraduría. No se sabe si algún día recobrará el equilibrio emocional que perdió en el 2006. Y ahora Karam despacha como subsecretario de Seguridad Pública. La vida le hizo justicia. Dicen que quien ríe al último, ríe mejor.

 

 

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