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Poder y política
Manuel Cuadras

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La frialdad de los números.

 


El día de ayer, Arturo Rueda nos explicaba con toda claridad cuál es el sentido pragmático de la famosa alianza PAN-PRD (y los que se sumen). Nos decía que más allá de visiones comunes y afinidades ideológicas (que por supuesto no las hay), el verdadero motivo de la coalición es ganarle al PRI, así de fácil, un asunto de números, simple matemática pues.

 

Retomemos un fragmento de la columna de Rueda en la que se remite objetivamente a la frialdad de los números:

 

“Un primer escenario es la elección local del 2004 en la que varios hechos confluyeron para generar un escenario dorado para el tricolor. Un gobernador, Melquiades Morales, altamente popular y con calificación aprobatoria arriba del 8. Un presidente Fox en franca picada, y el peor presidente municipal en la historia de la capital personificado por Luis Paredes Moctezuma. Un candidato a la gubernatura altamente popular y un abanderado a la alcaldía que no reunía el 12 por ciento de negativos. Y por si fuera poco, Francisco Fraile, un candidato panista opaco hasta cansarse.

 

En tal escenario dorado y con una participación del 50 por ciento —votaron 5 de cada 10 poblanos—, el PRI obtuvo a nivel estatal 862 mil votos, mientras que el resto de la oposición —PAN, PRD, etcétera— ganó en su conjunto 827 mil votos. Es decir, con todas las condiciones a favor, el tricolor apenas superó a toda sus rivales por 35 mil votos, es decir, un miserable 1.5 por ciento de la elección…” Hasta aquí la larga pero necesaria cita.

 

Como nos podemos dar cuenta, las circunstancias, coyunturas y perfiles han cambiado diametralmente de 2004 a la fecha. La oposición lo ha entendido y ha actuado en consecuencia proponiendo la alianza como método de fortalecimiento, mientras que el PRI, no solamente no ha sabido (o no ha querido) adaptarse a las nuevas circunstancias, sino que paradójicamente, vive un retroceso que le resta competitividad de cara a los próximos comicios.

 

Contrastemos los dos escenarios (2004 y el actual) en el marco de la imposición que se pretende concretar. Partamos del hecho que hoy no tenemos un gobernador aceptado entre los poblanos (“Marín no es Melquiades”), luego entonces, a diferencia de hace seis años, el voto de castigo se hará presente como muestra de rechazo a todo lo que representa el marinismo.

 

Segundo, Zavala no es (y por mucho) un buen candidato como sí lo fue Marín en su tiempo. Marín venía de ser Presidente Municipal de la capital y contaba con una trayectoria política “limpia” de muchos años que le permitió llegar muy sólido a la hora de buscar la candidatura por su partido, su candidatura fue, en suma, una candidatura legítima y con respaldo social, la de Zavala por el contrario, es producto de una imposición, pequeña diferencia ¿no?

 

Tercero, Marín no tuvo a un adversario complicado, Zavala sí lo tendrá. Paco Fraile no tenía ni el posicionamiento, ni los apoyos, ni el discurso, que sí tiene Rafael Moreno Valle en este 2010. ¿Qué hará Zavala en un debate frente a Moreno Valle? ¿Qué pasará cuando la gente compare sus currículums?

Cuarto, Marín tuvo como compañero de fórmula a la alcaldía a un candidato bien posicionado que le inyectó 242 mil votos en la capital. De esa forma, Enrique Doger recién desempacado de la rectoría, se convirtió en el candidato más votado en la Ciudad de Puebla para conformar una dupla exitosa con Mario Marín. ¿Qué se espera de la dupla entre Javier López Zavala y Mario Montero? El primero sin imagen ni discurso, y el segundo sin posicionamiento y con estigma de perdedor.

 

Ante este escenario, ¿no le parece que el PRI llega en posición de desventaja ante la alianza? ¿No le parece que son muchas contras? Recapitulemos:


-Gobernador desprestigiado (MMT).


-Candidato con mala imagen y poco rentable (JLZ).


-Oposición competitiva (RMV).


-Fórmula débil (MMS).

 

La lógica indica que el PAN aumentará su votación debido a su candidato rentable y a la aportación del PRD, ¿y el PRI? ¿Cómo le hará para mejorar (o por lo menos igualar) sus números de 2004?

 

Aunado a ello, ¿cómo controlar los efectos de una eventual ruptura con Enrique Doger? ¿Qué pasa si Doger se suma a Moreno Valle? ¿Podrá la dupla Zavala-Montero frente a Moreno Valle-Doger?

 

Negociar significa ceder algo para ganar algo, cosa que nunca han  querido aceptar los marinistas; para ellos el pastel se reparte únicamente entre los de casa. ¿Cuál será el costo real de la imposición?

 

Seguramente la soberbia de los marinistas les hará decir que Doger, Moreno Valle y la dichosa alianza les hacen los mandados, pero los números no mienten, y la realidad tampoco. Juzgue usted los números y saque sus conclusiones.

 

 

*La viga en el ojo de Montero.


Resulta curioso escuchar a Mario Montero quejarse ante la “imposición” de Enrique Doger a la Presidencia Municipal por el PRI.  ¿Y la de Zavala no es imposición? ¿Y si fuera él el candidato no sería imposición? No cabe duda que eso es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el ojo propio…

 

 

 

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