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Poder y política
Manuel Cuadras

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¿El gran elector?

 


Mario Marín es un político hecho, curtido, un hombre que se encuentra más allá del bien y del mal (quizá más cerca de lo segundo); formado en la rígida escuela priista del régimen antidemocrático y a la sombra de varios políticos de la vieja guardia.


Fue en la temida y respetada Secretaría de Gobernación donde aprendió todo lo necesario para convertirse en lo que hoy es. Ahí aprendió a resolver, a disolver, pero sobre todo, a nunca doblarse en una negociación.


Él es el que toma las decisiones, él es el que marca los tiempos y, por supuesto, él define cómo, cuándo y a quién se le resuelve, nadie más, por mucha que sea la presión y por mucho que esté en juego. “Más vale pagar caro que ceder a una presión…”, eso fue lo que le enseñaron las tortuosas manifestaciones y plantones que atendió como secretario de Gobernación. Es la diferencia entre resolver cuando se quiere y no cuando se debe.


Quizá el ejemplo más reciente para demostrar esa praxis política marinista, sea el conflicto de Antorcha Campesina que duró más de ocho meses en plantón ante la falta de respuesta de las autoridades.


Si contrastamos el pliego petitorio original, contra la lista de obras alcanzadas por Antorcha, podremos vislumbrar un saldo favorable para la organización, aun a pesar del desgaste producido tras ocho meses de negociaciones fallidas.


¿Qué fue lo que pasó?, ¿Por qué de pronto se solucionó un conflicto que tenía meses estancado? Fácil: porque el gobernador quiso que se solucionara ese día (no antes ni después), así de sencillo. ¿La razón?, quería disfrutar al máximo el día solemne de su Quinto Informe de Gobierno, y la marcha convocada por Antorcha Campesina para 50 mil agremiados sería una piedra muy incómoda en un día “tan especial”.


¿Hubiese sido mejor acceder a las primeras demandas antorchistas? Sí, pero eso, en la lógica de Mario Marín, hubiese sido mostrar debilidad. “Las cosas se resuelven cuando YO digo, no al revés”.


En el caso de la sucesión ocurre lo mismo, sólo que con algunas variantes. A diferencia de todas las decisiones que toma Marín a diario, ésta, la de la sucesión, debe contar con el respaldo, visto bueno, aprobación (o como se le quiera llamar) de un ente que, políticamente, funge como su inmediato superior; me refiero al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de su partido, en la figura de Beatriz Paredes.


Nadie puede negar que Marín ha jugado este partido a su modo, a su tiempo y con sus propias reglas, todo, con la aparente complacencia del CEN; sin embargo, al igual que en el ejemplo de Antorcha, las cosas comienzan a salirse de control, amenazando con convertirse en una piedra muy incómoda para Beatriz Paredes.


De la misma manera en que Marín quería celebrar sin manchas el día de su Informe, para quedar bien con todos sus invitados, así también Paredes Rangel quiere entregar buenas cuentas en los estados donde hay elección este año y así quedar bien con “sus invitados”.


Marín sabe que la ficha a la que le apostó es muy débil y poco redituable, pero cambiar de opción hubiese sido tanto como mostrar debilidad, y eso en la formación de Marín es simplemente inadmisible, todo antes que eso, y todo es ¡TODO!


Además de inyectarle millones de recursos a la campaña de su delfín y ponerle toda la estructura gubernamental a su servicio, Marín intenta allanarle el camino a su “cachorro” eliminándole los adversarios y obstáculos más difíciles que pudiera afrontar.


De esa manera, sabedor que una de las principales amenazas que enfrentaría Zavala es la eventual postulación de Rafael Moreno Valle, Marín intenta bloquear la llegada del neopanista a la candidatura, ¿cómo?, apoyando una candidatura alterna en el PAN, ¿su nombre?, Ana Teresa Aranda Orozco. Así como lo lee, Marín en lo práctico no sólo tiene un delfín, sino dos.


Aunado a ello, el Ejecutivo intenta romper con otra amenaza que pone en riesgo el futuro de su delfín (y el suyo propio): la mega coalición encabezada por el PAN y el PRD. Marín sabe del potencial de dicha alianza, por ello trata de impedir su cristalización.


La aparente complicidad de Beatriz Paredes ante los planes marinistas tienen plazo y condicionantes, uno: que Moreno Valle no sea el candidato del PAN, de lo contrario el PRI requerirá de un candidato fuerte y competitivo (no Zavala); y dos: que no se concrete la alianza en Puebla, ya que ello implicaría un bloque opositor considerable.


El tiempo se agota para Marín y con ello sus posibilidades de triunfo. ¿Ocurrirá lo mismo que con Antorcha?, ¿Accederá al último momento? Veremos…

 

 

 

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