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Poder y política
Manuel Cuadras

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Las circunstancias de Marín

 


Dicen los que saben, que la primera función del poder es asumir el mando y acabar con la oposición (tanto interna como externa), y si para lograrlo no se necesita emplear mucha fuerza ni gastar muchos recursos, es porque quien detenta el poder es muy hábil, o la oposición muy débil (o ambas).

 

Lo anterior viene a colación porque si algo ha demostrado Mario Marín a lo largo de su sexenio, pero sobre todo en esta etapa de sucesión, es justamente eso, control y mando, ¿alguien podría dudarlo?

 

Marín, siempre con la aplanadora por delante, ha mostrado una y otra vez su política de cero inclusión y cero tolerancia hacia sus adversarios, ¿la razón?, su formación rígida en las gélidas aulas (oficinas) de la Secretaría de Gobernación. Ya lo decíamos en la columna anterior, todos los conocimientos políticos de Marín provienen de Gobernación, ahí aprendió a negociar, a resolver, a disolver, pero sobre todo, a no claudicar.

 

Si recordamos la célebre frase de José Ortega y Gasset: “El hombre es él y sus circunstancias”, podremos comprender mejor el comportamiento de Marín. Sus circunstancias siempre fueron de choque, de confrontación, de recibir amenazas y aguantar presiones, circunstancias de todo funcionario que labora en la Segob, luego entonces, es lógico advertir que el accionar de Marín no es el de un gobernador abierto y plural, sino el de un mandatario de mano dura y decisiones autoritarias, dicho en otras palabras: es un Secretario de Gobernación vestido con traje de gobernador (una especie de Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría pero a nivel local).

 

Lógico es también que tal actitud se refleje en la decisión más importante de su gobierno: la de imponer a su sucesor, ¿por qué habría de ser distinto? ¿Cuántas veces no hemos escuchado la trillada frase de: “Marín no es Melquiades…”? Y efectivamente, las decisiones de ambos son diametralmente opuestas, como los son también sus respectivas formaciones.

 

 Marín, como ya lo hemos dicho, nunca tuvo un cargo de dirigencia ni de elección popular (me refiero a su etapa formativa), siempre fue un soldado de la multicitada Segob. Melquiades en cambio, ocupó los más diversos cargos antes de ser gobernador, tanto partidistas, gubernamentales, como de elección popular, lo cual le permitió tener una visión más flexible de la política.

 

Marín, el subsecretario, intervenía siempre en posición de ventaja (si no, no lo hacía); Melquiades, el delegado del PRI, aprendió a cabildear y a conciliar entre fuerzas opuestas, acercando posiciones y encontrando puntos de acuerdo.

 

Melquiades, el gobernador, tuvo todo a su favor para imponer a su candidato: apoyos nacionales, estructura, recursos, etcétera, pero le faltaba algo fundamental, que su candidato fuera rentable (pequeño detalle), por lo tanto, tuvo que negociar con Marín para evitar correr riesgos innecesarios (ceder la plaza al PAN).

 

Marín, el gobernador, tiene todo a su favor para imponer a su candidato: apoyos nacionales, estructura, recursos (muchos recursos), y un largo etcétera; sin embargo, le falta algo que es fundamental, que su candidato sea rentable (pequeñísimo detalle). ¿Qué hará Marín? ¿Imponer su voluntad a toda costa, aún a pesar de correr el riesgo de perder? ¿Negociar para evitar sorpresas?

 

Negociar, lo decíamos anteriormente, significa ceder algo para ganar algo. En política, como en la vida misma, es muy difícil ganar todo. Melquiades cedió un poco de poder para ganar 6 años de sobrevivencia política para él y los suyos; ¿Y Marín? ¿Cederá un poco para garantizar su tranquilidad política y jurídica? Veremos…

 

 

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