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Poder y política
Manuel Cuadras

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¿Candidato de unidad?

 


El pasado domingo se llevó a cabo el registro de aspirantes del PRI para obtener la candidatura al Gobierno del estado. Como ya se esperaba, al encuentro sólo acudieron dos personajes: Javier López Zavala, el candidato oficial del gobernador, y Enrique Doger Guerrero, el disidente, el rebelde, el incómodo.


Atrás quedaron las “aspiraciones” de otros “contendientes” que “decidieron” declinar a favor de López Zavala. Víctor Hugo Islas, Alberto Amador, Jorge Estefan Chidiac y Óscar Aguilar, desempeñaron el papel que juegan cada sexenio: patiños que se inscriben para negociar un plato de frijoles.


Blanca Alcalá quedó fuera de la contienda, presa de su propia estrategia de doble discurso y esclavizada a su promesa de campaña de concluir su periodo, aunado claro, al hecho de no atreverse a rebelársele a Marín y optar por el siempre cómodo “sí señor gobernador…”


El caso de Chucho Morales es verdaderamente patético. Con un capital político considerable, con un apellido que cuidar, con una fama de “indomable”, pero sobre todo, después de haber dicho mil y un veces que “él nunca declinaría por Zavala y que él no se prestaría a una chingadera”, al final, terminó suplicando una notaría para su hijo como precio para sumarse a la cargada. Qué triste ¿no? Al ver la imagen de Chucho levantándole la mano a Zavala, no puedo dejar de sentir pena ajena, me imagino lo que sentirá Melquíades…


En fin, en ese contexto se llegó al ansiado domingo 31 de enero, fecha marcada por la Convocatoria para que los aspirantes presentaran su documentación. Para tal fin, la Comisión Estatal de Procesos Internos habilitó dos sedes para evitar encontronazos entre los dos equipos. A Zavala le tocó registrarse en la sede del PRI municipal, ubicada en el Centro Histórico, mientras que a Doger en el edificio del Comité Directivo Estatal, ubicado en la diagonal Defensores.


Ambos organizaron semanas atrás una gran movilización para demostrar sus respectivas fortalezas y, en un sentido estricto, ambos lo lograron. Fue entonces cuando inició la guerra de las cifras entre los dos equipos:


“Zavala juntó a 50 mil…”


“Doger reunió a 40 mil…”


 La prensa local (como era de esperarse) también hizo lo propio y enalteció el evento zavalista brindándole fotos y fanfarrias en sus primeras planas, incluso un medio tuvo la puntada (osadía, atrevimiento, descaro) de publicar: “Zavala reúne a 90 mil; Doger sólo 4 mil…”


Ante un escenario tan polarizado, ¿cómo saber quién tiene la razón? ¿A quién creerle? Propongo que salgamos un momento de la aldea y echemos un vistazo a algunos medios nacionales para tener una referencia sin filias ni fobias, veamos.


La Jornada publicó el día de ayer: “El equipo del primero (Zavala) aseguró que hubo 80 mil personas en las instalaciones del Comité municipal, y colaboradores del segundo (Doger) contaron 60 mil en la sede estatal del PRI. Cálculos más realistas hablan de 25 mil y 20 mil simpatizantes, respectivamente…”


El diario Reforma, en su edición de ayer publicó lo siguiente: “Mientras que López Zavala recibió el apoyo de funcionarios del gobierno de Mario Marín, el exalcalde de Puebla fue arropado por simpatizantes de a pie…”
Hasta aquí las citas.


De acuerdo a las imágenes que se publican hoy en Cambio y a las versiones difundidas en los medios nacionales, podemos concluir que (en términos generales) fue una convocatoria similar, un empate pues.

 

Retomo el razonamiento planteado en esta misma columna hace algunos meses: ¿Un empate a quién beneficia? En teoría a nadie, pero si consideramos todos los elementos que tiene a su alcance Javier López Zavala (recursos, estructura, gobierno, etcétera) ¿cómo entender entonces el equilibrio de fuerzas? O dicho de otra manera, ¿cómo entender que su rival, con mucho menos, haya hecho exactamente lo mismo?


La respuesta es simple: el rechazo generalizado de la sociedad hacia Marín. El Reforma lo dice bien, mientras que a Zavala “lo apoyan” los burócratas, a Doger lo apoyan los ciudadanos de a pie, aquellos que no tienen partido o que no forman parte del gobierno. El primero es un apoyo condicionado (de no perder su chamba), mientras que el segundo es un apoyo convencido (de luchar contra la dictadura marinista).


No dudo que el marinismo tenga el poder (y la soberbia) para negarle el registro a Doger mediante alguna argucia legaloide; sin embargo, ¿con eso se acaba el problema?, ¿con eso gana Zavala? Lo dudo.

 

Sacando a Doger de la contienda se logra la candidatura única de López Zavala, mas no de unidad. “Un partido excluyente es un partido perdedor…” —dijo el exedil en su discurso del domingo a manera de presagio— ¿logrará vencer al marinismo? Veremos…

 

 

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