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Poder y política
Manuel Cuadras

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El curioso caso del doctor Mejía y
la Señora Dignidad

 


El día de ayer, presa de su bilis y cólera, el tristemente célebre Mario Alberto Mejía escribió unas líneas para referirse a —quien él mismo ha definido como el seudónimo más grande de Puebla— Manuel Cuadras.


Perturbado por la vergüenza, Mejía atribuye la autoría del seudónimo a una persona equivocada, a partir de entonces recurre a algunas historietas del pasado y construye premisas falsas, todo, para desviar la atención del verdadero fondo del asunto (motivo real de su vergüenza): el ridículo ante el que quedó expuesto por el caso Ventosa, recordemos:


El pasado 5 de febrero, fiel a su estilo de tenebrear, acalambrar y conjeturar, el quintacolumnista escribió un artículo denominado: “Ventosa-Doger: la confrontación”, según el cual, Alberto Ventosa habría recibido una propuesta para venir a Puebla y destruir (políticamente) a Doger. Esto es un extracto de lo que escribió Mejía:


“De hecho: Beto está en Puebla desde hace una semana y ha empezado a reencontrarse con antiguos conocidos. El tema es uno solo: Doger...”


Hasta aquí parte de la escalofriante columna, el resto la puede consultar en el siguiente link:

 

http://www.laquintacolumna.com.mx/2010/febrero/columnistas/colu_laquinta_050210.html


Ese mismo día, una llamada entró al programa radiofónico dirigido por Mario A. Mejía, era Alberto Ventosa.

 

¿El motivo?, aclarar algunas cosas de todo lo que se había difundido en los medios de comunicación respecto a su persona, aquí parte de la conversación:


—Mario Alberto Mejía (MAM): ¿No has venido últimamente a Puebla?


—Alberto Ventosa (AV): ¿A qué voy a ir?, ¿qué tengo que hacer allá? No me interesa, no tengo nada a qué ir. Me gustaría que dijeran quién es el que dice que voy… te recuerdo, a ti te corrió Marín cuando empezaba su sexenio, ¿y a dónde te fuiste a trabajar?


—MAM: ¿En tus planes está venir a Puebla?


—AV: ¿A qué voy a ir?, ¿tú crees que Marín me quiere?… Hace cuatro días medio la soltaste (el rumor de que estaba en Puebla)… Cacique también está peleado con Doger ¿no? Lo he leído. ¿Por qué no pusiste el nombre de Cacique?


—MAM: Te doy mis razones Beto, a mí me pasaron esa información (sic) como también sé que se la pasaron a otros periodistas. No sé cuál haya sido la intención de filtrar esa información, pero qué bueno que me lo estás aclarando…”


Hasta aquí la versión estenográfica de la llamada aclaratoria, o mejor dicho, del ridículo del quintacolumnista.
La duda mata, ¿quién le pasó esa información a Mario A. Mejía y a “otros” periodistas? ¿Con qué finalidad? ¿Por qué Mejía la publicó (e incluso lo afirmó) sin tener la certeza? ¿Por qué no lo corroboró antes? ¿No acaso es lo que haría un periodista profesional? ¿Cómo definir a alguien que publica lo que no le consta, o mejor dicho, lo que le filtran? ¿Irresponsable, cómplice, empleado? Cualquiera de las tres es vergonzosa, de ahí la molestia de Mejía.


Justo es decir que Mario A. Mejía no fue el único “periodista” que tomó dictado (perdón, que le pasaron la información), al igual que él otros columnistas también lanzaron la piedra del rumor y escondieron la mano tras la aclaración de Ventosa. A ellos me referí en mi columna del pasado martes cuando escribí: “¿Dónde están aquellos que presagiaron una hecatombe en Puebla?… Seguramente escondidos bajo el manto de la cortedad, tragándose sus palabras (y columnas). ¡Salud!”.


Sobra decir que el único que se puso el saco fue nuestro personaje, Mario A. Mejía, quien —como decía al inicio— ayer publicó unas líneas llenas de imprecisiones, sofismas e incongruencias a fin de desviar la atención del caso Ventosa; sin embargo, en su intento de montar una cortina de humo, Mejía terminó más embarrado de su propio lodo (tinta). Veamos: Mejía dice que escribo amenazas y denuestos, para “demostrarlo” transcribe un fragmento de mi columna del martes:


“En su inmensa soberbia, el marinismo decidió cerrarle las puertas a Doger de la manera más burda, pensando que con ello lo sacarían definitivamente de la contienda. ¿Qué pasa si el Tribunal falla a favor de Doger? Jurídicamente muy poco, únicamente se le restituirían sus derechos políticos y sería aceptado para participar en la precampaña, nada más; sin embargo, políticamente sería un auténtico gol de oro que lo ubicaría arriba en el marcador. ¿Cómo quedaría el PRI de Marín, Zavala y Armenta?, ¿cómo negar que hubo exclusión y dados cargados?


Para nadie es un secreto la impresionante cargada promovida desde el Gobierno del estado y la estructura partidista a favor de Zavala, sin embargo, el hecho de que un Tribunal Federal lo constate, abriría la cloaca del PRI poblano y dejaría muy mal parados a sus dirigentes, algo que ni Marín ni Armenta, y mucho menos Zavala, calcularon. ¿No hubiera sido mejor aceptarle el registro a Doger?, ¿para qué darle más elementos de los que ya tiene? Por lo pronto, la resolución se espera que se dé esta misma semana y será crucial para lo que resta del proceso. El costo de la imposición y la soberbia puede ser muy alto...”


Hasta aquí la pluma de Cuadras que citó Mejía. ¿Dónde está la amenaza y el denuesto? ¿Dije alguna mentira? ¿Es ofensivo decir que el marinismo está lleno de soberbia? ¿Es falso decir que en el PRI hay exclusión y dados cargados? ¿No acaso existe una cargada promovida desde el Gobierno del estado a favor de Zavala? ¿Dónde está la amenaza?, que alguien me explique.


Seriedad, respeto y congruencia señor Mejía, ¡ah! y un poco de dignidad a su trabajo, recuerde (como le dijo Alberto Ventosa) cómo lo corrió Marín y dónde trabaja ahora, o para decirlo en términos de la sabiduría popular mexicana: “Si no le cabe, no reparta”. A veces es mejor tragarnos nuestras palabras (y columnas), ¿no cree?


Por último, ya que habla usted de opacidad, en un ánimo de “transparentar el periodismo en Puebla”, le propongo lo siguiente (para que despeje sus dudas): un servidor se quita la máscara, si usted nos revela quiénes son los accionistas VERDADEROS de su periódico El Columnista. Repito, accionistas verdaderos, no ficticios. Todos sabemos quiénes son, pero queremos escucharlo de su propia boca, o mejor dicho, queremos leerlo de su propia pluma. Piénselo, consúltelo con el verdadero dueño de su periódico. Analícenlo en uno de los bonitos cafés que hay en el Complejo Cultural Universitario, me han dicho que preparan un café excepcional.

 

*Nota bene: No es lo mismo Miguel Cuadras, que Manuel Cuadras; como tampoco es lo mismo Bruno Díaz, que Batman.

 

 

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